CLASIFICACIÓN:
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EMOCIONES - RABIA
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AUTOR:
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Pedro Pablo Sacristan
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EDAD:
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De tres años
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WEBGRAFÍA
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http:wwwcuentosparadormir.com
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QUE TRABAJAMOS:
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Después del enfado hay
que saber perdonar
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La rana Renata era la mejor cocinera de los pantanos y a su selecto restaurante
acudían todas las ranas y sapos de los alrededores. Sus "moscas en salsa
de bicho picante" o sus "alitas de libélula caramelizadas con miel de
abeja" eran delicias que ninguna rana debía dejar de probar, y aquello
hacía sentirse a Renata verdaderamente orgullosa.
Un día, apareció en su restaurante Sopón dispuesto a cenar. Sopón era un
sapo grandón y un poco bruto, y en cuanto le presentaron los exquisitos platos
de Renata, comenzó a protestar diciendo que aquello no era comida, y que lo que
él quería era una buena hamburguesa de moscardón. Renata acudió a ver cuál era
la queja de Sopón con sus platos, y cuando este dijo que todas aquellas cosas
eran "pichijiminadas", se sintió tan furiosa y ofendida, que sin
mediar palabra le arreó un buen sartenazo.
Menuda trifulca se armó. A pesar de que Renata enseguida se dio cuenta de
que tenía que haber controlado sus nervios, y no dejaba de pedir disculpas a
Sopón, éste estaba tan enfadado, que decía que sólo sería capaz de perdonarla
si él mismo le devolvía el sartenazo. Todos trataban de calmarle, a sabiendas
de que con la fuerza del sapo y la pequeñez de la rana, el sartenazo le
partiría la cabeza. Y como Sopón no aceptaba las disculpas, y Renata se sentía
fatal por haberle dado el sartenazo, Renata comenzó hacer de todo para que le
perdonara: le dio una pomada especial para golpes, le sirvió un exquisito licor
de agua de charca e incluso le preparó.. ¡una estupenda hamburguesa de
moscardón!
Pero Sopón quería devolver el porrazo como fuera para quedar en paz. Y ya
estaban a punto de no poder controlarle, cuando apareció un anciano sapo
caminando con ayuda de unas muletas.
- Espera Sopón-dijo el anciano-
podrás darle el sartenazo cuando yo te rompa la pata. Recuerda que yo llevo
muletas por tu culpa.
Sopón se quedó paralizado. Recordaba al viejo que acababa de entrar. Era
Sapiencio, su viejo profesor que un día le había salvado de unos niños
gamberros cuando era pequeño, y que al hacerlo se dejó una de sus patas.
Recordaba que todo aquello ocurrió porque Sopón había sido muy desobediente,
pero Sapiencio nunca se lo había recordado hasta ahora...
Entonces Sopón se dio cuenta de que estaba siendo muy injusto con Renata.
Todos, incluso él mismo, cometemos errores alguna vez, y devolver golpe por
golpe y daño por daño, no hacía sino más daño. Así que, aunque aún le dolía la
cabeza y pensaba que a Renata se le había ido la mano con el sartenazo, al
verla tan arrepentida y haciendo de todo para que le perdonase, decidió
perdonarle. Y entonces pudieron dedicar el resto del tiempo a reírse de la
historia y saborear la rica hamburguesa de moscardón, y todos estuvieron de
acuerdo en que aquello fue mucho mejor que liarse a sartenazos. FIN
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